Retorno

Dejó su tierra natal y, durante años, recorrió lejanos países. Muchas sendas pisaron sus pies; cosas asombrosas vieron sus ojos; con gentes de diversas razas compartió el pan y el camino.

Cuando regresó las montañas que rodeaban su valle no le parecieron ya tan altas, ni tan viejo el olmo de la plaza, y el caserón del marqués había menguado en magnificencia. En cambio, comprendió la excelencia del vino de su lagar, y supo apreciar la venerable antigüedad de la iglesia románica y el sosiego y pureza de los dilatados campos. Viajar le había servido para matizar la medida de las cosas.

Entonces meditó sobre su ser, dirigiendo sus pensamientos hacia el interior; pero su alma le pareció tan insondable como siempre. Comprendió que todas sus vivencias eran tan leves como una piedrecita que al sumergirse provoca débiles hondas en la quieta superficie de un lago inmenso y profundo.

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