Reme el sábado por la noche

Una multitud deambula
Pisando vidrios y orín por la calle turbia.

Los cristalitos despiden pobres destellos;
Las adolescentes lloran rímel.
Tú andas entre la gente como si cualquier cosa;
Pero estrellas que duermen
Destilando su embrujo
En el cielo lejano y más puro de otra noche,
Han prendido su luz en tus ojos,
En tus ropas, en tu pelo…
Y ese fulgor, atraviesa intacto velos de fango
Y eclipsa las luces de neón.

Así caminas, libre por el mundo
Que hiere de asombro a tu corazón,
Y vienes hacia mí ardiendo
En tu llama de oro y de sueño.