Despidiendo la tarde en la muralla de Essauira

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Con Maruja en los Cárpatos.

Transilvania es así, llegas y encuentras pueblos medievales y gentes esquivas con sus trajes típicos, como de lagarteranos; y todos te huyen, sobre todo ese conde, Vlad. Y yo creo que es por la costumbre de Maruja de comer tanto alioli. Por cierto, que el tal Vlad, será todo lo aristócrata que tú quieras, ¡pero tacaño…! Tiene el catillo que da pena: ni wifi, ni ordenador, ni tele… solo cuatro muebles llenos de telarañas y cuatro tapices apolillados.

Hemos  conocido también a un chico muy callado que es licántropo —que no sé yo qué carrera será esa—, pero como es muy peludo y como mi maruja es esteticién, se empeñó el otro día en hacerle la cera. Total, que lo dejó al pobre en carne viva.

La noche de Walpurgis fuimos a una fiesta rave en el bosque. Mucho desfase (hasta llevaron una cabra grande), pero demasiado gótica para mi gusto. Y es que como España para la fiesta… Maruja dio la nota pidiendo que le pusieran un pasodoble, y luego se puso de morros porque, en medio del desmadre, una tía muy pálida me dio un chupetón en el cuello que no veas, y claro, me dejó marca.

Otro día nos invitaron a una misa negra. ¡Y Maruja que sí, que vamos, Pepe, que a mí me gusta mucho el góspel! En fin, qué te voy a contar…que tengo ganas de volver.  De España lo que más echo de menos, fíjate que curioso, es la sangre con cebolla.

La intención del arma

Nunca tuvo vocación militar; le gustaban en cambio las máquinas. A veces le parecía que estaban dotadas de alma propia. Pensaba con admiración en el ingenio que las había imaginado y diseñado, en la calidad del material, en el acabado; en la sutileza de los mecanismos perfectamente engrasados.

Le alistaron a la fuerza. Pronto descubrió que sostener el fusil entre las manos, dispararlo, desmontar y limpiar sus piezas, producía en él muchas sensaciones placenteras: era un arma tan ergonómica, tan poderosa, tan definitiva…

El día que tuvo que disparar contra aquella gente, fue (no supo muy bien si para él o para el fusil), la culminación de un anhelo y una realización.